Bienvenidos a esta locura mistica donde encontraremos poemas, amigos, rock, buena vibra, y una que otra cosa que se nos vaya ocurriendo. que disfruten su paseo por este lugar y esperamos su colaboracion. GRACIAS ETERNAS A TODOS LOS QUE COLABORAN Y FORMAN PARTE DE ESTE GRAN SUEÑO QUE YA ES UNA REALIDAD LLAMADO UNIVERSIDAD DEL INFIERNO. Y TAMBIEN GRACIAS A ROCKURMEX.
¿PORQUE UNIVERSIDAD DEL INFIERNO?

Simple. Desde siempre la sociedad ha menospreciado a los rockeros por su forma de vestir y de ser,y los fanaticos religiosos nos condenan al fuego eterno por el simple hecho de no ser como ellos. El nombre es un chiste, una comedia, una burla a las mentes adoctrinadas que todavia piensan que rock es sinonimo de malo. LA UNIVERSIDAD DEL INFIERNO ES UN ESPACIO DONDE CONVERGE EL ROCK, LA CULTURA Y EL MUNDO DESDE NUESTRA PERPECTIVA. ES UN ESPACIO PARA MENTES INQUIETAS Y BIEN ROCKANROLERAS.

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miércoles, 12 de enero de 2011


El año de los indeseables


Jaime Sabines no deliraba cuando decía: “Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos”.

Y sí, a mí también me encanta Dios. “Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy. A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios”. Pero a qué viene todo esto. A que el 2010 fue una catástrofe, una sucesión de caos y de pequeñas desgracias. Y aún así no nos daremos por vencidos.

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A mí me vale madres no coincidir con el calendario chino, así que considero que este fue el año de la rata. Y no, no lo veo así por una cuestión mística o un análisis profundo. Es de hecho algo muy vulgar. Y no me avergüenza aceptarlo, que soy un vulgar hijo de vecino. Pero estaba en que este año fue el de la rata, sí, de cloaca. Yo no sé de cifras, si se duplicaron o triplicaron los delitos, pero de que todos fuimos víctimas de una rata, seguro que lo fuimos. A ti, como a mí, nos chingaron el celular al menos una vez. A tu primo lo asaltaron afuera del cajero automático. A tu amiga le arrebataron la bolsa en una calle cualquiera. A tu jefe le bajaron la quincena en el pesero. A tu hermana y a su novio los secuestraron un buen rato en un taxi pirata. Y a ti te atracaron a la voz de “ya te chingaste y no te pongas pendejo(a) porque te carga la chingada”. Y a veces hasta se ahorran la saliva, como aquel taxista culero que se orilla para arrebatarle la bolsa a las señoras y luego se da a la fuga sin mirar siquiera si la llanta pasó por encima de un brazo o una pierna. Pero en los discursos anuales los políticos presumen que el índice de violencia está controlado, porque ahora no se adornan con “ha bajado” sino que se escudan en el “está controlado”. Yo por eso digo que este fue el año de la rata. Y obviamente incluyo también a los funcionarios, a los gobernantes, a los políticos que saquean el presupuesto y se compran departamentos en las mejores zonas de la ciudad. Lo peor es que el 2011 no pinta muy distinto y no sé que diga el calendario chino. A lo mejor es el año del puerco. Aunque este país ya es cochinero. Y de nada sirve ser un hombre bueno, una mejor persona, cuando estás a merced de los impuestos, los pésimos servicios, las altas tarifas de Telcel, los intereses sobre intereses de Banamex y HSBC, los despidos sin liquidación, los patrones que no respetan tu contrato, las mafias en el poder, los asesinos, los narcos, los prestanombres, los estafadores, los curas pederastas, los dipuhooligans... a merced de la miseria y de los miserables que se enriquecen hasta con nuestros suspiros.

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Yo por eso me persigno dos veces antes de dormir, una al levantarme y tres antes de salir de casa. No vaya a ser el diablo, que un buen día amanece con mi silueta en sus obsesiones y para qué les cuento. Mejor contar con blindaje extra, aunque sólo sea la bendición de tu madre o de la abuela. Aunque debo aclarar que tampoco he sido del todo bueno. También fui indeseable a ratos, un mal amigo, acaso un pésimo hermano, quizá egoísta con los que me quieren, hasta odioso con los que no me soportan, algo amargado, tal vez poco solidario, pero nunca de los nuncas he dañado a alguien con la intención malsana de hacerlo. No sé si mejoraré o empeoraré el próximo año, pero ahora me siento en armonía con lo que me rodea, y he encontrado la mirada tierna, los besos sinceros, los abrazos más honestos que me harán sentir menos vulnerable ante los nubarrones negros y frente a los despreciables. Y por si las dudas, simpatizaré más con Dios y me persignaré con mayor frecuencia. Y Jaime Sabines seguirá como mi poeta de cabecera.

jueves, 11 de marzo de 2010


Tú no eres un comercial en la tele






Tú no eres un comercial en la tele


Eres un poema maldito, la cara del desaliento, un cuadro sin puestas de sol, aquella playa contaminada, ese desierto en el alma, el cinismo en una sonrisa, la mirada turbia en la madrugada, el drenaje profundo de esta ciudad que se ahoga en la mierda
Eres el político cínico, aquel senador corrupto, el presidente de los que no tienen empleo, la lideresa gorda de un partido tricolor, el abogado de aquella empresa que contamina, el licenciado sin escrúpulos, ese policía que inventa culpables y también el senador que se lleva de a cuartos con el gober precioso. Eres el estudiante fósil, la maestra amargada, el profe que le mira las piernas a sus alumnas, ese freaky de lentes que colecciona pornografía, la más furcia de tu generación, el más inútil de los graduados, el recién egresado que no encontrará trabajo, aquel profesionista resignado a seguir como taxista. Eres eso y muchas más cosas porque tú sabes que eres mexicano. ¿Felicidades? Eres mexicano y quieren hacerte creer que cumples 200 años y hay que celebrarlo. Eres un voto a cambio de una pinche torta o una despensa miserable, eres manipulable y te falta criterio para elegir a los gobernantes. Eres una credencial del IFE, un simple número para los candidatos, eres la promesa no cumplida de los que han llegado al poder. Eres más miserable que ayer, una cifra en todos los conteos, la bicicleta descompuesta en el traspatio, un bache más en la calle de tu colonia, el enésimo diablito que roba la luz en el tianguis, los tacos de 3 por 5 varos en Hidalgo o Indios Verdes, aquel vendedor ambulante con pulsera de San Judas y la señora gorda con manchas de grasa en el mandil. Eres carne de cañón a la hora de pagar impuestos, la boleta de empeño en el Monte de Piedad, ese obrero que trae roto el dedo gordo del calcetín derecho, aquella secretaria que es acosada por su jefe, la pobre señora de intendencia con un hijo alcohólico y una hija abandonada con tres chamacos, el niño moquiento que no terminará la primaria. Eres mexicano y tu presidente hace planes para derrochar dinero en grandes festejos por el Bicentenario. Eres mexicano y tu vida es tan gris como la política económica de un país que se hunde sin que nadie haga nada. Eres mexicano, quesque cumples 200 años y hay que estar orgulloso. Al menos eso dictan los comerciales que intentan “ser poéticos” en esta era catastrófica.

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Eres el miedo a salir a la calle, el arma humeante de un narcotraficante, también la nota roja en los diarios o aquella narcomanta en el puente peatonal. Eres un ciudadano vulnerable que ya no sabe distinguir quiénes son los buenos y quiénes los malos. Eres fragilidad, eres tan vulnerable como puede serlo la gente de a pie que ya no está segura ni al cruzar ante el semáforo. Eres un cafre al volante de un microbús sin frenos, la ambulancia que traslada un herido grave, la cada vez más dinamitada expectativa de vida. Eres aquel jovencito al que robaron el celular, la chica que llora porque la han manoseado, el ruido insoportable de los que venden compactos en el Metro, la anciana a la que nadie cede el asiento en el pesero, esa madre que no decide si deja de pagar el agua o quedarse sin comprar el gas; eres el padre de familia cuyos insomnios son carcomidos por la angustia, el estudiante modelo que deberá dejar la escuela, y también la cajera del súper que será despedida al final de quincena. Eres el bolero que se “broncea” bajo el esmog, el pizzero que teme llegar tarde, el joven de McDonalds que nunca será empleado del mes, aquella señora que tiene empeñada hasta el alma, la cocinera de las casas ricas, la señora que lava ajeno, unas garnachas en la esquina del trabajo, el agua turbia que venden las pipas, las calles sin pavimentar, la inundación en tu colonia, ese discurso que siempre repite las mismas palabras que no convencen a nadie y también el conductor de noticias que está en la nómina del gobierno o ese delegado que “amañará” el presupuesto.

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Eres el marido infiel, una noche sin caricias, esa novia que se acuesta con el mejor amigo del chico que la ama, aquella golfa que pisotea un corazón entregado, el cretino que olvida a una madre soltera, la televisión prendida hasta las dos de la madrugada, una sucesión de plegarias sin respuesta, esa canción tristísima de Joaquín Sabina, la adolescente que chatea con extraños, el solitario que hace amigos por messenger, la pobre ilusa que se enamora por internet, también la divorciada que aún espera que su ex marido sea infeliz con la otra. Eres la amante que nunca tendrá luna de miel ni boda por la iglesia. Eres parte de ese ejército de pobres que se multiplica mientras PAN Y PRD amarran sus alianzas. Eres yo, yo soy tú. Intentarán robarnos la esperanza, pero no podrán quitarnos la dignidad que nos permitirá seguir luchando en lugar de empezar los estúpidos festejos.


Abrazado al fuego del desvelo





Abrazado al fuego del desvelo


Cuando era niño siempre soñaba que alguien me perseguía pero que siempre me escapaba volando. Si me preguntan qué significaba eso, no sabría responder a ciencia cierta pero creo que tenían que ver con mis miedos, con esa eterna sensación de fragilidad. Nunca he sido un tipo duro, aunque a veces me comporte como si actuara en una película de bajo presupuesto
Así que no es de extrañar que, educado por una madre que se debatía entre su decepción ante la vida y el compromiso de trabajar 18 horas al día, sea un hombre emocionalmente vulnerable. De por sí flaco como el gasto de una ama de casa, mi esqueleto emocional es tan sólido como las promesas de un político en campaña. Desde chavito quise ser muchas cosas, como muchos de mi generación: doctor, astronauta, cantante de rock, centro delantero, cantinero en un bar, padrote o de perdis afortunado con las viejas, vagabundo... pero me sobraban sueños y me faltaron oportunidades. Por eso es que acabé como inventor de mentiras, como arquitecto de castillos en el aire, como un tipo que nunca ha rebasado ningún horizonte. Gran parte de lo que no pude ser se lo debo a mi falta de carácter, pero no por eso se acaba el mundo. Desgraciadamente muchas de mis frustraciones tienen su origen en mi infancia, creo. Por eso cuando me reconozco como un canalla, como un cretino, como ese pobre imbécil que está lleno de resentimientos, asumo que es la herencia genética de mi padre. Puede sonar injusto, pero así lo siento. La soledad es un abrigo en el armario, aquel libro arrinconado, una caja de chocolates oxidados, una metáfora de la nada. Nunca he navegado con buen tiempo, siempre hay una maldita tempestad que arrasa los desvelos. Sentado frente a la ventana fumo Marlboro Lihgts y el humo me sabe a fuego, a ese incendio que es quedarse inmóvil mientras las horas huyen con pasos lentos. Tengo oscuras madrugadas y mi vida es un cuadro tristísimo de Frida Kahlo, unos versos de Efraín Huerta, aquella foto del desierto, alguna canción de Los Decadentes, un abrazo constante con el fuego del desvelo.


II) Mi retrato en el buró me recuerda que el vacío es la distancia entre mi pellejo y los huesos. Cómo carajos no saltar al abismo cuando el vértigo te mueve el piso. Esta madrugada es una broma de mal gusto. Las cucarachas tienen fiesta en la cocina. Mis ojos se dilatan y mis miedos resguardan las salidas de emergencia. Soy un tonto a la deriva, un idiota sin remedio que de vez en cuando sonríe mientras se vuelve loco por completo. Últimamente mis defectos se confabulan para recordarme que soy un estúpido, que todos mis proyectos están incompletos, que nunca he sabido amar la vida, que cada vez estoy más cerca del subsuelo, que la oscuridad es una metáfora de mis días, que beber no remedia nada, que hay un incendio en mi cabeza y que algún día tendré que gritar mientras me quemo. Mientras llega la fecha, tengo tiempo de tramitar mi pasaporte hacia el infierno. Será mejor salir de vez en cuando, a beber a sitios menos solitarios.




III) Un sujeto en la barra mira con detenimiento su vaso. Yo me muero de ganas por salir a fumar un cigarro. Y en la rockola suena un dardo certero de los Cadillacs: “Suena como un crimen lo que tú me has hecho,/ deberías ir a parar a prisión./ Suena como un crimen que me hayas mentido, que hayas engañado a este corazón”. Lo que no quiero es pensarte mientras vuelo, llorarte mientras duermo, soñarte mientras despierto, gritarte mientras callo, porque es morir de a poco, en desesperante espera, creyendo que te encuentro al caminar por cualquier acera. Recuerdo tu ausencia y me desgarro la voz cantando canciones que siempre me describen perfecto. ¿Dónde estás, Fernanda?, pregunto y yo mismo me contesto: quizá te encuentras cobijada por otra piel que sobre la tuya serpentea. Cuerpos ardiendo con gemidos como música de fondo. Shuik, shuik, shuik, casi oigo cómo lubrican al contacto sus sexos iracundos mientras sus húmedas humanidades forman un nudo cálido. Oigo en mi mente tus eróticos jadeos. Ahhhhhhhhhh, manifiestas festiva el placer y odio no ser yo el que esté contigo. A estas horas, aquí, hundido en este infierno de recordarte, acaricio el lomo de mis miedos, mientras tú, tan lejana, seguramente piensas en el próximo orgasmo.


Roberto G. Castañeda

jueves, 26 de noviembre de 2009


Quiero un lanzallamas y un libro de poemas

Quiero paz, quiero tranquilidad, que los cuervos ya no revoloteen graznando frente a los ojos abiertos de mis sueños
Quiero paz, quiero tranquilidad, que los cuervos ya no revoloteen graznando frente a los ojos abiertos de mis sueños. Y no deseo un pastel de cumpleaños ni tarjetitas cursis que prometan amistad hasta la posteridad. Quiero un lanzallamas. Y el combustible necesario para flamear todo mi pasado
Sí, sería más romántico un bidón de gasolina y un encendedor Zippo, pero a estas alturas no me puedo andar con tibiezas. Así que prefiero un lanzallamas con el combustible adecuado. No me inviten botellas de vino, pues prefiero emborracharme con mi ron preferido. Quiero detractores agudos que cuestionen mis ideas y no se limiten a comentarios simples como “deberías aprender a escribir”. Prefiero lectores comprometidos que admiradores que saquen lustre a mi egocentrismo. Quiero el nuevo disco de Los Fabulosos Cadillacs a ver si se me pega algo del “Arte de la elegancia”. Quiero una antología de Jaime Sabines porque la mía la extravié en alguna mudanza. Y no estaría nada mal un póster de El Santo y Blue Demon contra los monstruos. Ya siendo exigentes me vendría mejor una litografía del Dr. Alderete. Por supuesto, quiero la bondad en la mirada de mis hijos antes de abrazarme. Y también que mi madre deje de soñarme en sus peores catástrofes. Quiero un lanzallamas para borrar de mis archivos todas las historias pésimas que he escrito; “uy, no te quedará ninguna”, yo mismo me respondo. Quiero que cuando muera me incineren con los sobrantes de mi primer libro. Quiero quemar mis documentos, exterminar mis boletas de calificaciones, todos los papeles necesarios para los trámites burocráticos y las facturas que no he pagado. Quiero dejar de ser el estúpido que he sido y sonreír de manera natural. Quiero una mujer que me transmita tranquilidad nada más con abrazarme. Quiero paz, quiero incienso para aromatizar las noches de insomnio, quiero un repertorio de abrazos para cobijar las tristezas de mis hermanos. Para no hacerme pendejo, requiero sólo el tiempo necesario para pedir perdón a todos los que he dañado. Y que los poetas que habitan el Olimpo me concedan la gracia de rentarme a sus musas, las más furcias. Quiero que musiten en mi oído una que otra frase decente o un poco rescatable. También quiero un aumento de sueldo y que ya me dejen entrar sin corbata a la oficina. Y no estaría mal que ya me pagaran por escribir esta columna o de menos que me cedieran los derechos para autofinanciar mi libro. Quiero gritar gol en el estadio, quiero beber en el medio tiempo, emborracharme con Corona después de la victoria. Y ojalá que Cruz Azul ya deje la mediocridad en los vestidores o de menos que el equipo en que juegan mis hijos avance a la siguiente ronda. También estaría genial que mis amigos dejaran de observarme con recelo. Ya no quiero que me quieran, bastante hacen con soportarme. Y que los dioses me den sentido común para no incendiar Palacio Nacional o de menos que me otorguen paciencia para soportar a la pandilla de cretinos que nos gobiernan. Quiero que Andrés Calamaro se nacionalice mexicano y que Nery Castillo se retracte de jugar por México. Demasiados deseos para un triste cumpleaños. Me conformo con tu mirada tierna, con tus piernas entrelazadas con las mías y con seguir hurgando en tus orgasmos.
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Ya no quiero un Mini Cooper ni sueño con un millón en el Melate. Prefiero amanecer un buen día en la Riviera Maya conectado con mis emociones y no pegado a la computadora. Ya no quiero ser el jefe de nadie, porque es mejor gobernar mis tristezas y jubilarlas antes de tiempo. Ya no quiero que me llamen mis ex novias a las tres de la madrugada para reclamarle por pendejadas. Ya no quiero acumular años sino despojarme de odios que aún me generan intereses. Ya no quiero relaciones enfermas que me revuelven el estómago. Ya no deseo la paz del mundo ni esas cosas que nos hacen creer que somos buenos; me basta con que el infierno se llene antes de tiempo con los ojetes que especulan con los impuestos. Ya no quiero maldecir a Arjona, pero suplico al cielo para que se quede a vivir en silencio en su mansión de Miami. Ya no quiero al América fuera de la Liguilla porque me causa más placer que los eliminen en semifinales. Ya no pretendo escribir de manera decente sino que me basta con generar uno que otro relámpago que te ilumine el día o encienda tu sonrisa. Ya no aspiro a nada, me conformo con poco, con el amor de mi madre, con la solidaridad de mis hermanos, con la admiración de mis tres hijos, con el respeto del señor de la tienda, con la amabilidad de los ancianos, con la simpatía de los jóvenes, con este espacio en el diario, con una dosis extra de sarcasmo, con la suficiente inspiración para armar un poema que te llegue hasta la médula, con la pésima voz con la que canto en la regadera. Ya no suspiro por viajar al extranjero porque me es más que suficiente con caminar en calma por las calles de mi barrio. Me alcanza con casi nada para sonreír como loco frente al espejo. Me basta con cierta lucidez para burlarme de la adversidad. Ya no quiero acumular libros, porque me llena la poesía de Roque Dalton y el sentimiento de Jaime Sabines y la fiereza de Nicanor Parra. Ya no quiero cumpleaños sin la banda sonora de Joaquín Sabina o la guitarra de Fernando Delgadillo o el rock de Fito y los Fitipaldis. Ya lo dije antes, quiero paz, quiero cielo, quiero una canción que me recuerde que soy la suma de mis defectos, el recuento de pellejos, un armazón de esqueletos y un corazón en fragmentos. Y quiero un lanzallamas y un libro de poemas para leer en voz alta mientras prendo fuego a todo lo que me ha dado más tristezas que momentos buenos.

ROBERTO G. CASTAÑEDA